
Nota: Los tres primeros capítulos han sido publicados por Gigamesh en el promocional Dominio de Dragones.
DAENERYS (I)
Daenerys estaba soñando con una casa con una puerta roja cuando Missandei la despierta. En la sala del trono, espera a que traigan ante ella el cuerpo sin vida de uno de los Inmaculados (de nombre Escudo Leal). Barristan Selmy, Lord Comandante de la Guardia de la Reina, intenta evitar que vea el cuerpo, pero Dany insiste. Gusano Gris y cuatro Inmaculados traen el cadáver. Atacado a traición por un buen número de los conocidos como Hijos de la arpía mientras se dirigía de noche a un burdel (hasta los eunucos necesitan de vez en cuando algún tipo de placer), le habían abierto el cuello de oreja a oreja después de muerto e introducido en la boca los genitales de una cabra.
Llena de ira por el asesinato de uno de sus soldados, Dany da órdenes para que investiguen en el Templo de las Gracias (sanadoras de Meereen) si han atendido alguna herida de arma blanca, y que ofrezcan dinero por cualquier pista sobre el paradero del arma del Inmaculado. Cuando Gusano Gris marcha, Barristan afirma que los Inmaculados no están preparados para esas tareas, son soldados, no espías. Dany le contesta que no puede utilizar a nadie más que ellos, ya que sus dothraki, los Segundos Hijos y los Cuervos de Tormenta han partido a efectuar diferentes misiones fuera de la ciudad.
Tras despedir a Barristan, Dany se dirige a la terraza de la Gran Pirámide, donde ve a Viserion y reflexiona sobre el hecho de que sus dragones se están haciendo cada vez más grandes, y cómo pronto lo serán lo suficiente para que pueda montar sobre ellos y conquistar Poniente. Dany entra en sus habitaciones e Irri y Jhiqui la visten para que pueda recibir a los peticionarios del día. Viste el tokar, la incómoda túnica de Meereen, sin la cual sus gentes jamás la aceptarían como Reina.
Cuando se dirige a la Sala del Trono, es abordada por el Senescal Reznak mo Reznak y por otro de sus consejeros de la ciudad, Skahaz mo Kandaq (que se ha afeitado la cabeza como símbolo del cambio de poder en la ciudad). El segundo le aconseja que por cada nueva muerte, responda matando dos de los hijos de alguna de las familias importantes de la ciudad. El Senescal, por el contrario, dice que esto sólo hará crecer más el odio hacia ella. Dany les dice que lo pensará.
Una vez en el Trono, empieza la rutinaria y aburrida procesión de peticionarios. Lord Ghael (el enviado del Rey Cleon de Astapor) le ofrece de nuevo una alianza contra Yunkai, que es desechada por Dany. El noble Hizdahr zo Loraq vuelve a pedirle por sexta vez que reabra las arenas de lucha (una costumbre ancestral en Meereen), pero la idea es de nuevo rechazada. Más y más peticiones se van sucediendo, ante el cansancio de Dany.
Por fin, acaban y afrontan otro tema cada vez más habitual: el pago a la gente que se presenta con huesos calcinados de animales que han devorado los dragones. Cuando Dany la orden de que abandonen la sala y se dirijan a donde les pagarán la contraprestación, un hombre queda en su sitio, con la mirada perdida. Tras dejar caer en el suelo los huesos que llevaba en un saco, sólo acierta a balbucear “Fue el negro, la sombra alada. Bajó desde el cielo y... y...”. Consternada, Dany se da cuenta de que no son los huesos de ningún animal. Son los huesos de un niño.
DAENERYS (II)
Dany está contemplando unos bailarines en Meereen. Mientras lo hace, habla con Xaro Xhoan Daxos, quien ha llegado con trece barcos a Meereen. Éste le dice que vio a una niña salir de Qarth y ahora ve a una Reina gobernando una gran ciudad.
Xaro ha oído de sus problemas con los Hijos de la Arpía, y se interesa por su protección. Dany le habla de sus jinetes de sangre y de Ser Barristan, pero Xaro se burla de éste y le dice que Ser Jorah era mejor, más joven y preparado. Dany no quiere hablar de Jorah. También le dice que necesita casarse, ofreciéndose él mismo, ante la hilaridad de Dany. Le pide que vuelva a instaurar el esclavismo, ya que donde antes había una rica y próspera región, ahora hay pobreza y hambre. Yunkai está creando un gran ejército y acabará atacando Meereen, pero Dany dice que ella también tiene ejércitos y además tres dragones. Xaro le crea dudas diciendo que tiene enemigos hasta en su propia corte, y Dany recuerda las tres traiciones que ha de sufrir.
Por fin, Xaro hace su ofrecimiento a Dany. Los trece barcos a cambio de que abandone Meereen y marche a Poniente de inmediato. Dany contesta que quiere esperar dos o tres años, pero Xaro no cree que viva tanto tiempo. Pyat Pree ha enviado brujos para acabar con ella. Dany se enfada, y afirma que pasó 14 años huyendo, y no lo volverá a hacer.
Cuando Xaro marcha, le pregunta a Ser Barristan lo que piensa de la oferta. Barristan dice que debería aceptarla y marchar a Poniente. A pesar de su traición, ella recuerda a Ser Jorah y piensa que le daría mejores consejos.
Entonces, se dirigen a las arenas bajo la Gran Pirámide. Viserion y Rhaegal están encadenados en una de las fosas utilizadas anteriormente como prisión. Barristan le dice que, de este modo, no crecerán tan rápido como si estuvieran libres.
Después de que Drogon matara a la niña (Hazzea), Dany decidió encadenarlos, asustada ante lo que podrían llegar a hacer. Piensa en cómo los dragones quemaron Harrenhal, en la Danza de Dragones, o en cómo uno de ellos mató a la madre de Aegon III. También en Drogon matando al traficante de esclavos de Astapor.
Seis hombres resultaron quemados al intentar atrapar a los dos dragones, pero no lo consiguieron con Drogon, que quemó a cuatro antes de huir. Nadie lo ha visto desde entonces.
Dany piensa si en vez de “madre de dragones”, no debería llamarse “madre de monstruos”. En qué horror ha dejado suelto por el mundo, y que si ella es de la sangre del dragón, entonces también es un monstruo.
Le pregunta a Ser Barristan si sabe qué es a lo único que tiene miedo en este mundo. Él cree que a los dragones, pero Dany contesta:“A mí misma”.
DAENERYS (III)
Dany está soñando que está casada con Daario. Irri la despierta. Los Hijos de la Arpía han vuelto a golpear de noche. Nueve muertos, entre ellos un hermano de Missandei, que está llorando. Furiosa, instruye a Gusano Gris para que haga todo lo necesario para encontrar a los culpables.
Vuelve a sus aposentos, y conforta a una desconsolada Missandei, contándole historias de su niñez. Las dos se quedan dormidas. Cuando despierta, decide tomar un baño. Piensa en la logística necesario para partir con los trece barcos de Xaro hacia Poniente, y en cómo llevará con ella a sus dragones. Cuando está pensando en Drogon, oye un ruido.
Quaithe está ante ella. Le dice a Dany: “Las lámparas de vidrio están ardiendo. Pronto vendrá la yegua pálida. Tras ella vendrán los otros. Cuervo y kraken, león y grifo, el hijo del sol y el dragón del titiritero. Recuerda a los Eternos. Desconfía del senescal perfumado”.
Dany le pide que deje de hablar en acertijos. Quaithe dice que quiere enseñarle el camino a seguir, y Dany recuerda: “Para ir al norte tenéis que viajar hacia el sur. Para llegar al oeste debéis viajar hacia el este. Para adelantaros tendréis que retroceder, y para tocar la luz debéis pasar bajo la sombra”. Quaithe le insiste en que recuerde quién es. Cuando llega Missandei, Quaithe ha desaparecido.
Tras el desayuno, comunica a sus consejeros la oferta de Xaro. A los dothrakis no les gusta la idea de atravesar el mar. Cuando llega el Senescal Reznak, Dany lo trata mal, desconfiando de él por la adevertencia de Quaithe. Se dirige al Salón del Trono para las peticiones del día. Lord Ghael vuelve a suplicar la ayuda de Dany al Rey Carnicero. Cuando se la niega, le escupe en la cara. Belwas le rompe los dientes contra el suelo. Hizdahr ha traído esta vez siete gladiadores para pedir que se reabran las arenas de combate. Vivían mejor como esclavos combatientes que como hombres libres. Dany dice que pensará sobre ello.
Tras acabar con las peticiones, Dany reúne a todos sus comandantes para hablar de la guerra con Yunkai y de los barcos de Xaro. Barristan los ha inspeccionado y hay doce en disposición de zarpar inmediatamente. Tras evaluar todas las opiniones, Dany decide rechazar la oferta y no zarpar aún hacia Poniente.
Pero Xaro no se toma bien la noticia. Le dice que se ha creado muchos enemigos, que sus dragones han pasado de ser una maravilla a ser un peligro, y que no se les permitirá crecer, ni a ella tampoco. Añade que debería haberla matado en Qarth. Furiosa, le despide. A la mañana siguiente, Xaro ha marchado pero ha dejado los trece barcos. Un mensajero del mercader le trae una almohada con un guante ensangrentado encima. “Esto significa guerra”, piensa Dany.
DAENERYS (IV)
Nota: Este capítulo es muy anterior a la lectura de los tres primeros capítulos. Es muy probable que se haya reescrito completamente. Son palpables un par de incoherencias, por ejemplo, no hay ninguna referencia a que los dragones estén encadenados.
Dany está tomando un baño en la piscina sobre la Gran Pirámide. Irri y Jhiqui la visten con el tokar, y las envía a preparar la plata para ir a la Arena de combate de Daznakh, donde se producirán los primeros combates tras su reapertura.
Los Hijos de la Arpía han prometido cien esclavas vírgenes a la persona que mate a Dany. Todos sus consejeros (menos Missandei y Ser Barristan) la habían presionado para reabrir las arenas de combate, como medida para congraciarse con la gente de Meereen.
Cuando baja de la pirámide, es abordada por Skahaz y Roznakh, dos de sus consejeros. Los dragones cada vez están más hambrientos, y los animales que devoran van en aumento. Por su parte, la economía de la ciudad va de mal en peor. Se fundamentaba en el esclavismo, y al abolirlo Dany, la ciudad se resiente, pues no dispone de bienes naturales con los que comerciar.
Barristan está entrenando cuarenta ex esclavos a la manera de los caballeros de Poniente, pero aún no están preparados. Por lo tanto, su guardia se compone de esclavos liberados de la ciudad,
En un palanquín, Dany se dirige a ver los combates. A medio camino, se le une Hisdar Zolareg, uno de los hombres más poderosos de la ciudad, y a quien se menciona como un posible marido para la Madre de Dragones.
Cuando llegan a la Arena, descienden al nivel más bajo. Hisdar la presenta como Missa (Madre), ante la imposibilidad de pronunciar su nombre. El pueblo la aclama, pero Dany piensa que aclaman la vuelta de los combates, no a ella.
Los combatientes favoritos ganan sus combates. Al final, Barseena (la gladiadora femenina, una de las favoritas del público), se enfrenta a un jabalí. El animal la mata, pero entonces aparece una gran sombra sobre la arena. Drogon desciende, carboniza con su fuego tanto a la luchadora muerta como al jabalí, y los devora a ambos.







