EPISODIO 6: UN EXTRACTO DE "A FEAST FOR CROWS"
Hola, soy George R. R. Martin, de vuelta con otro podcast. La cuarta novela, de mi serie de fantasía “Canción de hielo y fuego”, está apunto de llegar a las librerías cercanas a ustedes en edición de bolsillo. “A Feast for Crows” es el título. Y he pensado que hoy les leería un poco de él y hablaría del libro. Esto es del prólogo de “Festín de cuervos” que es el cuarto volumen de “Canción de hielo y fuego” (traducción libre):
—Dragones. —dijo Mollander—. Cogió una manzana marchita del suelo y se la pasó de mano a mano.
—Tira la manzana, —le apremió Alleras la Esfinge—. Deslizó una flecha de su carcaj y la colocó en la cuerda de su arco.
—Me gustaría ver un dragón. —Roone era el más joven de ellos, un muchacho fornido todavía a dos años de la mayoría de edad—. Me gustaría mucho.
“Y a mí me gustaría dormir con los brazos de Rosey alrededor de mí”, pensó Pate. Se movió en el banco sin encontrar acomodo. Por la mañana la chica bien podría ser suya. “La llevaré lejos de Antigua, atravesando elmar Angosto a una de las Ciudades Libres.” No hay maestres allí, nadie que pudiera acusarle.
Podía oír la risa de Emma que venía a través de un postigo elevado, mezclada con la voz más profunda del hombre que estaba entreteniendo. Ella era la más vieja de las mozas del servicio de la “Pluma y la Jarra”, tendría cuarenta años como poco, pero todavía era guapa de una forma algo carnosa. Rosey era su hija, de quince años y recientemente florecida. Emma había decretado que la virginidad de Rosey costaría un dragón de oro. Pate había ahorrado nueve venados de plata y un bote de estrellas de cobre y peniques, pero no le serviría de mucho. Habría tenido más posibilidades de incubar a un verdadero dragón que de ahorrar suficientes monedas como para cambiarlas por una de oro.
—Naciste demasiado tarde para los dragones, muchacho. — le dijo a Roone, Armen el Acólito. Armen llevaba una correa de cuero alrededor de su cuello, con una ristra de eslabones de peltre, estaño, plomo, y cobre, y como la mayoría de los acólitos, parecía creer que los novicios tenían nabos creciendo entre los hombros en vez de cabezas—. El último pereció durante el reinado del rey Aegon III.
—El último dragón de Poniente. —insistió Mollander—.
—Tira la manzana. —apremió de nuevo Alleras. Era un joven atractivo, la Esfinge. Todas las mozas del servicio lo adoraban. Incluso Rosey le tocaba a veces en el brazo cuando le traía vino, y Pate rechinaba sus dientes y fingía no verlo.
—El último dragón de Poniente fue el último dragón. —dijo Armen tenazmente—. Es algo bien sabido.
—La manzana. —dijo Alleras—. A menos que pretendas comértela.
—Ahí va. —Arrastrando su pie zambo, Mollander dio un pequeño salto, giró, y lanzó la manzana lateralmente a la niebla suspendida encima del Hidromiel. Si no fuera por su pie, se habría convertido en un caballero como su padre. Tenía la fuerza necesaria en sus gruesos brazos y amplios hombros. Lejos y rápido voló la manzana. . .
. . . pero no tan rápida con la flecha que silbó tras ella, una vara de una yarda de largo de madera dorada estabilizada con plumas escarlatas. Pate no vio a la flecha alcanzar la manzana, pero la oyó. Un suave chonc resonó desde el río, seguido por un plaf.
Mollander silbó. —Le diste. Buena.
“Ni la mitad de buena que Rosey.” Pate amaba sus ojos color avellana y sus incipientes pechos, y la manera en que ella sonreía cada vez que le veía. Amaba los hoyuelos de sus mejillas. A veces ella iba descalza mientras servía, para sentir la hierba bajo sus pies. A él le gustaba eso también. Le gustaba el olor fresco y limpio de ella, la manera en que su pelo se curvaba detrás de sus orejas. Incluso le gustaban los dedos de sus pies. Una noche ella le dejaría que le frotase sus dedos de los pies y jugara con ellos, e inventaría un chiste para cada dedo de forma que ella no parara de reírse.
Quizás haría mejor en mantenerse en esta parte del mar Angosto. Podría comprar un burro con el dinero que había ahorrado, y él y Rosey podrían cabalgarlo por turnos mientras vagaban por Poniente. Ebrose puede que no le considerase digno de la plata, pero Pate sabía cómo arreglar una fractura y bajar una fiebre. La gente humilde estaría agradecida por su ayuda. Si pudiera aprender a cortar el pelo y a afeitar barbas, podría convertirse en barbero. “Eso sería suficiente”, se dijo a sí mismo, “mientras tenga a Rosey.” Rosey era todo lo que quería en el mundo.
Eso fue el principio del prólogo de “Festín de cuervos”, simplemente para que lo caten un poco. Es la primera parte que lees cuando abres el libro. No es la primera parte que escribí, no es ni de lejos la primera parte que terminé. Y ciertamente, me costó cinco años escribir “Festín de cuervos”, con mucha diferencia el periodo más largo para un volumen de “Canción de hielo y fuego”; fue el volumen más difícil para mí y este capítulo supuso una gran parte de esa dificultad. A veces pienso que estuve un año entero sólo con este prólogo, escribiendo y reescribiéndolo. Pueden ver en la muestra que el punto de vista es el de un personaje llamado “Pate”. De hecho, lo escribí desde varios puntos de vista en diferentes momentos. Pate tenía un nombre diferente. En una versión inicial había decidido que no debía ser Pate (el POV) sino Mollander y luego decidí que no sería Mollander, que sería Rosey, la sirvienta. Así que escribí una versión en la que ella veía a estos personajes desde fuera. Durante un tiempo pensé que estaba funcionando y luego decidí que no. No estaba funcionando de ninguna manera. Así que volví con Pate.
Es un capitulo delicado de alguna manera porque los prólogos en todos los libros de “Canción de hielo y fuego” introducen nuevos personajes con punto de vista que no forman parte del reparto continuo de personajes. Estás escuchando una nueva voz en cada prólogo, alguien que no te habías encontrado antes y hay que presentar a ese personaje. Los otros prólogos, sin embargo, aunque el personaje con el punto de vista es nuevo, está en un entorno conocido, rodeado de personajes que ya fueron caracterizados. Éste no fue el caso. Este prólogo se desarrolla en Antigua, donde la Ciudadela de Antigua, donde son entrenados los maestres. Todos los personajes son novicios o acólitos en la Ciudadela, estudiando para ganar sus cadenas. Nunca antes había ubicado un capítulo en Antigua. Había contado muy poco sobre Antigua, así que había mucho trabajo que hacer en este capítulo: tenía que establecer la ciudad, tenía que establecer la Ciudadela, tenía que establecer dónde estaban, esta taberna que era una nueva ubicación. Darle a Antigua un sabor propio y único, diferente al de Desembarco del Rey o al de Invernalia o las ciudades del Este por las que ha estado viajando Dany. Y tenía que presentar no sólo al personaje con el punto de vista, Pate, sino también a la nueva gente alrededor de él: Mollander, Alleras la Esfinge y Armen el Acólito y más tarde Leo Tyrell, el Vago aparece y es un personaje que es importante. Así que fue bastante difícil de establecer.
Y al mismo tiempo, la primera palabra que se encontrarán es: “Dragones”. Fue una elección deliberada porque una de las funciones principales de este capítulo es determinar que las noticias sobre Daenerys Targaryen y sus dragones han llegado finalmente a Poniente, han llegado finalmente a Antigua por mar y por lo tanto, es de suponer que hayan llegado a otras partes de Poniente o que pronto llegarán a otras partes de Poniente. Esa trama de los libros siempre ha estado separada hasta ahora y ahora las tramas están empezando a converger y los dragones van a aparecer con más importancia.
Se darán cuenta de una cosa… esta es la primera cosa, como he dicho, que verán cuando lean “Festín de cuervos”.
Se darán cuenta de que una cosa que no leerán es un gran segmento que cuente lo que ha pasado anteriormente, un resumen de los tres primeros volúmenes. Y de vez en cuando recibo emails de mis fans diciéndome: “He olvidado quiénes son tus personajes, hay tantos. He olvidado la historia, es tan complicada y han pasado cinco años entre los libros. ¿Podría usted, por favor, incluir un resumen?” Y yo comprendo a esos lectores porque entiendo por qué olvidan. A veces a mí también me pasa y tengo que buscar las cosas o devanarme los sesos. A veces cometo errores que, con suerte, uno de mis editores encontrará antes de que sea publicado. Ciertamente hay mucho que recordar, no obstante, no incluyo un resumen y no quiero incluir un resumen y no voy a incluir un resumen y hay unas razones deliberadas. Hay algunos misterios en estos libros, hay algunas cosas que voy a revelar más adelante para las cuales estoy sembrando pistas, hay algunos futuros giros de la historia que estoy presagiando, hay cosas que van a pasar en el quinto libro y en el sexto libro y en el séptimo libro, relativas a una semilla sembrada en el primer libro, pero yo no necesariamente voy a agitar mi mano. Así que, ¿qué hago cuando planto una semilla? Bueno, planto una semilla pero intento hacer un poco de despiste literario con mi mano, mientras planto la semilla mi otra mano está por ahí saludando y distrayendo con algún juego de palabras o algo que está pasando en primer plano, mientras la semilla está siendo plantada en segundo plano. Así que, con un poco de suerte, la semilla está allí, el presagio está allí, pero quizás no se den cuenta al estar rodeadas por tantas otras cosas. Por lo tanto, explicada esta técnica, ¿qué pasa si hago un resumen? ¿Incluyo las semillas, incluyo las pistas, incluyo los pequeños presagios? Si los dejo fuera, sería como hacer trampas, porque estoy resumiendo todo lo que es importante y habría dejado fuera estas cosas que son importantes.Y eso no es bueno, no podría hacerlo de esa manera. Y si las pusiera en el resumen perdería, creo, una gran parte de la posibilidad de sorprender a mis lectores y deleitarles -con algo de suerte- más adelante, con un giro de la historia o una revelación. Porque una vez descubierto todo lo que está disimulado, una vez descubierto todo lo que está en marcha, el no estar enterrado en las miles de páginas sino en un resumen de cinco páginas hace que las pistas, las indirectas o los presagios queden mucho más destacados y la gente va a verlos. Así que no hay buena manera, en mi opinión, de escribir esa clase de resúmenes.
Así que no escribo y no quiero escribir y no escribiré lo que ha pasado antes en cualquiera de estos libros. Lamento si algunos lectores tienen dificultades siguiendo la historia. Mi consejo es que relean, por supuesto. Me encanta cuando recibo cartas de lectores que dicen: “Volví a leer los tres primeros libros antes de empezar con el cuarto y me he dado cuanta de muchas cosas que no vi en la primera lectura de los libros”. Eso es muy gratificante para un escritor porque tengo mucho cuidado con estas cosas y pongo un montón de cosas en los libros y con un poco de suerte, la historia, el tapiz que estoy tejiendo, la cosa que estoy construyendo es lo suficientemente rica y complicada como para que merezca la pena una relectura. Y la segunda lectura será tan gratificante y divertida como la primera, aunque diferente. Cuando lees un libro por primera vez, lo estás leyendo principalmente por la historia, para saber qué va a pasar a continuación y eso es lo que te mantiene pasando las páginas. Cuando relees ya sabes lo que va a pasar a continuación, porque ya lo has leído antes y quizás puedes apreciar otros aspectos: la prosa, los pequeños presagios, las pequeñas pistas que no apreciaste la primera vez porque estabas tan ansioso por pasar página para ver qué pasaba luego. Así que todo esto lo pienso cuando estoy trabajando en estas cosas y me gusta oír que la gente no sólo lee y disfruta de mis libros, sino que los relee con agrado. Los mejores libros son los que soportan sucesivas relecturas, yo mismo he leído “El Señor de los Anillos” y “El Silmarillion” de Tolkien más veces de las que puedo contar y cada vez que los leo sigo disfrutándolos y para mí eso los convierte en grandes obras; porque hay libros que he leído una vez y quizás disfrutado, pero no he hecho una segunda lectura.
Por supuesto no utilizo estos resúmenes, éstos “qué ha pasado antes”, porque de alguna manera influencian la lectura. Lo que intento hacer -tengo algo de piedad por mis lectores, no quiero hacérselo demasiado difícil- es, en algunos de los primeros capítulos de los libros, ponerles al día, ponerles al día con la situación del personaje en el último libro. Así que en “A Feast for Crows” o cualquiera de los anteriores libros o en los futuros libros, normalmente el primer capítulo de cada personaje en el libro -el primer capítulo de Jon Nieve- tendrá muchas escenas ubicadas en él, porque estaré recordándoles dónde estaba Jon Nieve y qué era lo último que estaba haciendo, las últimas cosas que le pasaron en el libro. Igual con Tyrion, Dany o Arya o cualquiera de los personajes. Así que a veces la gente me dice que los libros empiezan despacio y por supuesto, están pensados para empezar lentamente. Primero ambientas el escenario, empieza la acción, intento que pase algo en cada capítulo. Luego la acción se acelera yfinalmente se llega a un clímax, esto es lo típico de la estructura de un libro y es más, de cualquier creación artística. Y es ciertamente la manera en la que yo prefiero estructurar un libro y es la forma, pienso, en la que lo hacen muchos escritores. No es por supuesto universal. Puedes ir al cine, por ejemplo, a ver una de estas películas de acción sin pausa. De hecho, no me gustan las películas de acción sin pausa. Me gustan las pausas en la acción, que se ambienten las escenas para aumentar el suspense para el siguiente trozo de acción. Y luego tienes el siguiente periodo de acción frenética, violencia, conflictos, un clímax. Y más tarde tienes el anticlímax, el desarrollo, la ambientación y la construcción de la siguiente cosa.
Supongo que es la diferencia entre un partido de fútbol americano y un partido de baloncesto. He tenido amigos que son fans del baloncesto y me decían que les gustaba el baloncesto porque la acción es continua. Mientras que en el fútbol americano se hace una jugada y luego se para y hay una pausa y luego hay otra jugada, etc… Prefiero el fútbol americano, me gustan esas pausas en la acción que sirven para construir el suspense para la siguiente (jugada). Con el baloncesto u otro de los deportes de acción continua, de los cuales no soy fan, las acciones ocurren demasiado rápido, hay muchos acontecimientos atléticos en marcha, pero no es lo mismo que construir el suspense que consigues en un gran partido de fútbol americano o en un partido de baseball. Y ésos son mis dos deportes preferidos. Así que esta es la analogía: “la Literatura como un partido de fútbol americano”, me imagino, que puede resultar un poco forzada (se ríe), pero puede darles una cierta visión de mi filosofía.
Y eso fue la muestra de “A Feast for Crows”, espero que vayan y la compren. Es el cuarto volumen de la serie “Canción de hielo y fuego” de venta en la librería más cercana. Si no han leído la serie no deben empezar con “A Feast for Crows”, consigan el primer volumen de la serie que se llama: “Juego de tronos”.
Y si quieren aprender un poco más de mí, entren en mi página web: www.georgerrmartin.com . Gracias por escuchar este podcast.
Cuídense.







