LA NUEVA ALYSSANE
Hoy se ha marchado a casa... En estos casi veinte días ha compartido su tiempo con nosotros, ha comido y bebido a nuestro lado, ha firmado nuestros libros, ha contestado a nuestras preguntas y se ha balanceado al ritmo de nuestra música... Tal y cómo lo había imaginado, durante su estancia en España, George R.R. Martin ha sido uno de los nuestros: un señor sencillo y divertido, que no se esconde, que no tiene doblez. Ya lo dije hace tiempo, me gusta este hombre. Pero no vino solo...
Muchas veces es complicado apreciar el decorado cuando el protagonista reluce con tanto fulgor... La llama interior es tan intensa que, en ocasiones, es mejor colocar un negro telón de fondo y que el genio explore con su monólogo las múltiples variables de su interpretación; pero siempre hace falta un foco que lo ilumine, un destello que se irradie sobre su rostro, sobre sus gestos, sobre su apasionado talento... Martin es un hombre de extraordinaria presencia, que abruma con su imponente destreza, que ocupa hasta lo irreducible, tanto si es figurado como literal; pero hemos conocido a su luz: se llama Parris y es su compañera.
No, esto no va a ser el tópico discurso sobre el que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, principalmente porque no creo en los tópicos, porque hace mucho tiempo que tengo la convicción de que ellas serán las que harán posible nuestra supervivencia en este planeta y porque creo que cada cual ocupa su propio lugar en el universo; más bien trata de ser el reflejo de una sorpresa, de un maravilloso descubrimiento.
La vimos por primera vez en Madrid, mejor dicho nos vio... Es extremadamente cercana y asequible, y muy profesional, en el sentido más enaltecido de la palabra. Conoce a la perfección cual es su lugar en cada momento, y lo ocupa con acertada modestia, atiende por igual a griegos y a troyanos, y nunca descompone el gesto ni la sonrisa...; ni siquiera cuando se incomoda, que no todo ha sido un ir entre algodones. La he visto estar pendiente de todo y de todos, pero por encima de cualquier otra cosa la he visto estar siempre al lado de George; y por lo que he podido apreciar no debe ser tarea sencilla...
Hasta este viaje sabía que el café de Parris era excelente..., porque nadie en su sano juicio dedicaría un libro como Choque de reyes a un café si éste no fuera insuperable y mágico. También sabía de su debilidad por la niña loba, lo que siempre me ha producido una corriente de especial simpatía hacia ella, y había oído que es asidua a las convenciones y que frecuenta con cierta asiduidad la red de redes... Leyendo desde el principio Festín de cuervos he podido averiguar que es suya la Canción. No obstante, lo que más me ha asombrado es esa curiosa complicidad que parece tener en todo momento la pareja.
He dicho de ella que está siempre atenta y lo pude comprobar personalmente en Madrid y en Gijón: sus gestos, sus guiños y sus implicaciones no dejaron de advertirse en todas las circunstancias en las que Martín se convertía en protagonista, ya fuera con unas fotografías, con unas camisetas, con un oso o con una espada...; nunca podré olvidar el semblante del rostro de esta gran señora cuando, alejada de fotógrafos y curiosos, se acercó como flotando sobre la arena de la playa de Poniente para agradecer el presente. Después mis amigos de Barcelona me han contado que, contra toda esperanza, Parris encendió nuevamente el fuego de la ilusión cuando quiso celebrar su día del nombre en compañía de la que ya es su Guardia... y que, por supuesto, acudió acompañada. Pero no he descrito la mirada de George R.R. Martín buscándola, sonriéndola, cuidándola..., y no lo he hecho porque no es posible describir tan hermosa abstracción. Bueno sí, se hace escribiendo Muerte de la luz, pero eso sólo está al alcance de los elegidos.
Estoy pensando que, tal vez, todo esto que cuento tenga que ver con la sangre de dragón...
Después, antes de regresar al oeste, el gran hombre ha estado en el sur, en sus dominios de Dorne, para pasear entre palacios de agua y castillos y jardines nazaríes, y para comprobar el estado del sept de los omeyas y el de la alta torre almohade del río. Más tarde ha ido hasta La Roca, en dónde ha podido recorrer sus túneles y galerías, disfrutar de la fauna autóctona y recibir en audiencia a sus fieles vasallos... Su dama, como una nueva Alyssane a lomos de Ala de Plata, prefirió viajar al norte para desde allí retornar a su hogar; eligió visitar de nuevo, otra vez, el viejo y frío norte donde nosotros, los hermanos negros, leales pero ajenos a los asuntos del reino, rendimos y rendiremos por siempre nuestras espadas juramentadas a los pies de Lady Parris.
Volved pronto, la noche se avecina...; ya os echamos de menos.







