LA GALERÍA TARGARYEN
La publicación del libro The Art of George R.R. Martin/A Song of Ice and Fire me ha impulsado a analizar las ilustraciones de los reyes Targaryen, de Roman V. Papsuev (Amok). Con mi ejemplar en la mano y a la vista de que parece ser el asunto más controvertido sobre la obra del ilustrador, conviene recordar la cita que hace referencia a la estética Targaryen:
"Los Targaryen son de la sangre del dragón, descendientes de los supremos señores del antiguo Feudo Franco de Valyria; su herencia familiar es una belleza estremecedora (algunos dicen que inhumana), con ojos color lila, índigo o violeta, y cabello de oro plateado o de un blanco platino." (JdT, Pág, 791).
Bien, el concepto es obviamente bastante subjetivo..., pero por lo general tengo el presentimiento de que Amok no ha acertado en lo esencial con la expectación despertada. Es cierto que se aprecian unos rasgos extraordinarios en algunos de los reyes…, tal vez en los más destacados. Si se observan bien, los rostros de Aegon I, Maegor I, Aegon III, Daeron I, Maekar I, Aegon V y Viserys III mantienen una línea uniforme de diseño, independientemente de la expresividad de cada uno. Podría decirse que son los más apuestos. El resto está retratado de manera que afloren y sean ostensibles sus cualidades.
Es imposible siquiera percibir esa supuesta belleza estremecedora en rostros como los de Jaehaerys I, Aegon IV o Aerys II, pero sus perfiles psicológicos están reflejados de manera notable. Lo cierto es que la sangre del dragón es poderosa ya que en catorce generaciones las facciones de Aegon el Dragón aun se perciben en el Rey Mendigo: del todo a la nada.
Pasando por encima de este asunto, hay un conjunto de circunstancias que me han llamado la atención en la galería. Lo primero las descripciones del propio George R.R. Martin, publicadas por el ilustrador en su web. Leyéndolas uno tiene la sensación de que en las características de los reyes Targaryen el escritor intenta reflejar la evolución dinástica de la familia…, y creo que lo borda. Las referencias que hace a Alejandro Magno y a Enrique VIII así lo documentan.
Lo siguiente en interesarme es el atuendo. Todos los reyes con armadura (salvo Aegon II) se muestran poderosos. La espada de Aegon I (Blackfyre) presenta el damasceno propio del acero valyrio, y son del mismo metal las de Maegor I, la de Daeron I y la daga del segundo Aegon; los cuatro tocados con la corona de acero y rubíes del Conquistador. Son los reyes de la guerra. El quinto, también imponente, es Maekar I; y su prestancia es sobria y aplastante; aunque de su rostro hayan sido eliminadas las señales de viruela. La sangre de su maza evoca a su hermano Baelor, y su corona —es mi opinión— se parece como dos gotas de agua a la de los Reyes en el Norte, que con tanto esmero se describe en Choque de reyes. Es la misma corona que después porta su nieto, Jaehaerys II, un rey de facciones similares a las de Jaehaerys I, Baelor I y Aerys I; posiblemente los reyes más cultos entre los Targaryen. Los rasgos de Aerys II son los de su padre, pero ruines y mezquinos.
Los reyes de la paz son atrayentes, pues las líneas de disolución se ven interrumpidas con la irrupción de un gran rey. La primera va de Aenys I, con un cáliz en la mano y vestido de terciopelo y armiño, a Viserys I, criado en época de paz y de abundancia. Entre ellos se sitúa Jaehaerys I el Viejo, el rey Conciliador, con una pluma en su mano, y que adoptó una corona más sobria que la de su antecesor, aunque menos severa que la de Lordragón. Esa misma corona la luce con desigual encanto su nieto, pero no hay rastro de ella más tarde. La siguiente cadena va desde Baelor I el Santo,
quien mantiene en su mano la estrella de los ándalos, hasta Aerys I, descrito como un gran erudito en El caballero errante. El primero un visionario, el segundo un soñador, y en el medio Aegon IV el Indigno. La imagen que le ilustra refleja la ignominia, el abuso, la corrupción,… Pero Martin nos recuerda que cuando comenzó su reinado era joven y hermoso. Entre estos tres se sitúan los grandes reyes de la gestión: Viserys II, ensalzado por Tyrion Lannister como un extraordinario gobernante, Mano del Rey de sus sobrinos Daeron y Baelor, y sobre todos, Daeron II el Bondadoso, el verdadero artífice de la unificación y heredero del Caballero Dragón. Viserys II utiliza como corona la misma banda dorada de Aegon III, que a su vez es la misma con la que aparece más tarde Aegon V el Improbable (Egg en El caballero errante); Daeron II usa la exagerada y opulenta corona de «su padre»: es el rey de los Siete Reinos, y mantiene en sus manos el tratado de la anexión pacífica de Dorne…
Esa corona, la de Aegon IV, la presenta con desdén Aerys I sobre sus libros, y también la ciñe Aerys II el Loco, pero con gesto taimado.
Personalmente me quedo con la tristeza profunda y severa de Aegon III, el Veneno de Dragón, y en su amargo reflejo percibo la enorme soledad del poder. En la negra austeridad, en el collar de oro que muestra el dragón tricéfalo a modo de toisón, encuentro el mayor logro de Amok en su representación de los reyes Targaryen.
Dejo para el final a Daenerys I de la Tormenta. La cabeza es alta, digna y hermosa, la diadema bien proporcionada y meritoria, los cachorros enmarcando el talle,… En general el conjunto ofrece color. Pero no es así como yo me imagino a la Madre de Dragones y en esto me sumo al sutil desencanto.
La obra de Amok me parece interesante, hábil y documentada, pero en ciertos casos adolece de la necesaria emoción.






