CAMINO DE DRAGÓN
Premio Ignotus 2005 al mejor cuento extranjero
En pasado día 29 de octubre, en Vigo, durante la cena oficial de la primera IberCon (Congreso Nacional de Fantasía y Ciencia Ficción / HispaCon 2005), se hizo entrega de los premios Ignotus, que anualmente concede la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror. Los premios son esencialmente buenos pues estimulan la capacidad de creación, y porque a través del reconocimiento público se busca la mayor difusión de las obras de calidad. En ocasiones resultan injustos..., aunque no es el caso.
La primera vez que leí Camino de dragón—otra vez y mil veces, gracias— tuve la sensación de que algo muy grande se estaba preparando. Venía de leer Juego de tronos y Choque de reyes y ya estaba más que impresionado con esa niña-mujer capaz de atravesar el umbral de la desesperanza: ¡si miro atrás, estoy perdida! Conocía, por tanto, el origen de la Madre de Dragones, su breve pero intensa felicidad, sus penalidades e infortunios...; y también su determinación. Aun así encontré en Camino de dragón una serie de peculiaridades; la primera fue que la historia tenía principio y final.
Una calma chicha en la que se esboza el escenario, unas crías de dragón que con su vuelo dibujan en el cielo el límite necesario que atenúa la angustia de un mar inmenso, historias del pasado pugnando por asomar sobre lo inmediato y lo futuro... ¡Qué bello comienzo! Por supuesto, mejor si lo sabes todo...; pero si no lo sabes... ¿qué más da?, es igual. Después el paroxismo, las bofetadas sonoras en la cubierta, las luces de Astapor, los golpeteos rítmicos e incesantes del bastón, la crueldad de la Arpía, Safo en acción, la procesión del khalasar dothraki..., y Drogon.
Llegando a ese extremo regresé hipnotizado al inicio, y de la segunda lectura resultó mi anterior afirmación: éste es un cuento redondo y no una fracción entresacada de la obra magna de un autor.
El premio es merecido; sea extranjero o no lo sea..., es el mejor cuento del año sin lugar a dudas.
Pero no quiero dejarlo ahí; a propósito de la saga de George R.R. Martin muchas veces he escuchado y me he sorprendido leyendo opiniones del siguiente o parecido tenor: "los capítulos de Daenerys cortan la acción..." Cuando se publicó Tormenta de espadas, uno de sus mayores atractivos para mí fue observar como encajaban como un guante en el relato los sucesos de Camino de dragón. Leí a conciencia, en su sitio, los puntos de mira que ya conocía y tengo que asegurar, si debo usar algún adjetivo, que me produjeron fascinación. Fue como si los estuviera leyendo por primera vez y tuve la intuición, que ahora es certeza, de que lo que acontece en el continente oriental es la verdadera trama de la historia..., que suya es la epopeya...; hasta me atrevería a aventurar que es de ella la Canción de hielo y fuego.
Pero no exagero cuando digo que eran nuevos. La capacidad de sorprender al lector en Martin es tal, que aun sabiendo que sabes lo que vas a leer, te encuentras de repente con que hay algo distinto y diferente que deslumbra y enaltece la lectura del texto; en este caso los tres mil Inmaculados de Qohor. No salen en Camino del dragón, pero sí en Tormenta de espadas; no están en el cuento, pero sí en la narración...
Me he sentido feliz por este premio; supongo que Gigamesh y Martin también... Para ellos es su premio a la edición y de autor; para mí es mi premio de lector.






