Texto revisado sobre el original por Lyanna
Su nombre ya es suficientemente evocador. Se trata del principal accidente geográfico de Poniente y su significación estratégica, cuando no mítica, es devastadora. El Tridente…, una poderosa lanza de agua que desde el Mar Angosto se adentra en la tierra hasta clavar sus eficaces dientes en un desesperado intento por dividir en dos el continente: los tres Forcas; el Verde, el Azul y el Roja. Pero este tanteo es contracorriente y desde esta perspectiva, tanto su situación como su denominación no parecen fruto del azar. El cartógrafo lo debió ver de esta manera.
La resonancia de Poseidón —el dios del agua, del mar, de los ríos, arroyos, lagos, manantiales y fuentes en la mitología griega, que iba siempre armado de un tridente que utilizaba para levantar las olas del mar, para hacer brotar fuentes y manantiales, para hacer aparecer pozos y lagos o para causar grandes destrozos— se impone; y es curioso observar como uno de los tres grandes dioses del hinduismo, Shiva, contiene en su representación la materialización del río Ganges (la diosa Maa Ganga) mientras sostiene en una de sus manos un tri-shûla o tridente (también llamado Pinâka), el arma arrojadiza que representa, según le asigna el shivaísmo, los tres atributos esenciales: creación, destrucción y regeneración.
El Tridente no es un río normal ya que, además, una importante porción del territorio continental también lleva su nombre: las tierras del río o de los ríos. En la épica fue también un reino de los primeros hombres hasta que Tristifer V, el último de la Casa Mudd, “que había reinado en las tierras de los ríos durante mil años antes de que llegaran los ándalos” (TdE 2, Pág. 67), perdió el reino, el castillo y el linaje. Continuó siendo un reino ándalo hasta que el último Rey del Río fue asesinado por un ancestro de Arren, el Rey Tormenta, trescientos años antes de que Harwyn Manodura —el abuelo de Harren el Negro—, se lo arrebatara.
Pero el mito primordial del Tridente se forja en el combate singular que mantuvieron sobre sus aguas los dos gigantes de la epopeya… Con la victoria de Robert Baratheon sobre Rhaegar Targaryen la historia se escribe de nuevo; tras El Tridente hay un antes y un después.
Reino, territorio, batalla,… El nombre, que impregna todo el relato, parece un germen de permanente confusión; pero El Tridente es un río: es el río, la fuente de creación, de destrucción y de regeneración.
El brazo de la lanza desemboca en Salinas formando un enorme estuario conocido como Bahía de los Cangrejos, cuyas márgenes acarician enclaves tan sugerentes como Poza de la Doncella, en el sur, o Puerto Gaviota, en el norte. Antes, después de haberse alimentado de las aguas concurrentes de sus tres dientes, ha cobrado un cauce veloz, sólo desafiado por la balsadera de la Aldea de Lord Harroway, para más tarde remansarse en el vado que llevó su nombre, y discurrir ancho, profundo y apacible hasta deshacerse en el mar. El Vado Rubí —ya se ha explicado en otro lugar— diferencia la alternativa del destino: el norte y el sur, el este y el oeste. En este recorrido desde el final hasta el principio, nos hemos desplazado en una única dirección corriente arriba, de oriente a occidente, hasta llegar al mismo centro y origen de los sucesos que se narran en la Saga; pero en la gran confluencia del Tridente las aguas se derraman desde diferentes itinerarios: ya han sido mencionados, son los Forcas.
“Forca” no es una palabra común en castellano. En realidad se trata de una forma antigua que significa horca u horquilla. “Horca”, el término moderno, procede de latín furca-æ, en donde la efe inicial evolucionó hasta convertirse en hache, después de que la u derivase en o. Las diferentes acepciones que el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua emplea para definir el término “horca”, excepto en la forma de un utensilio de labranza como imagen, en nada aluden al empleo del vocablo inglés “fork” en el texto original. “Fork” es una palabra que significa tenedor y también horca, pero que asociada a elementos geográficos o de trazado (de río, de carretera,…) se traduce como bifurcación. Los tres Forcas del Tridente son, por tanto, los tres brazos (ríos afluentes) que han venido divididos para formar el arma natural. La traducción, en este caso, ha preferido emplear una palabra de sonido similar pero anticuado, adecuada pero no precisa, y esta es una cuestión que conviene despejar para aclarar la sustantivación de los tres coloridos tributarios.
El Forca Verde es la bifurcación superior. Prácticamente desde la gran confluencia establece un rumbo descendente norte-sur, proveniente de dos fuentes que tienen su origen en El Cuello y que se juntan poco antes de Los Gemelos. Se trata de una corriente enérgica, profunda e insuperable, de forma que sólo el puente entre los castillos franquea el paso entre las dos orillas hasta el Vado Rubí. Los Frey tardaron tres generaciones en construirlo. Delante de ese paso Robb Stark arrojó los dados y en ese paso se convirtió en leyenda.
La corriente central se corresponde con el Forca Azul. Su cauce se desliza en sentido noroeste-sudeste apuntando en una maraña de arroyos y riachuelos conocida como Sietecauces desde el Pantano de la Bruja, al sur de Varamar. En su margen derecha, una vez consolidada la corriente, sus aguas bañan la colina sobre la que se alzan las ruinas de Piedrasviejas, la antigua fortaleza en la que fue enterrado el rey Tristifer IV, llamado Martillo de Justicia, vencedor en noventa y nueve batallas y muerto en la centésima; resultado de una acción combinada en la que participaron siete reyes ándalos. Antes de llegar a la gran confluencia, el Forca Azul se une al Verde en su último tramo, produciendo un torbellino imposible.
La tercera bifurcación recibe el nombre de Forca Roja y es, de las tres, la más larga y errática en su discurrir. Nace en las colinas situadas al sur del Colmillo Dorado y describe su curso, inicialmente, en sentido sur-norte hasta que llega a Aguasdulces, donde recibe la aportación del Piedra Caída, una caudalosa corriente de agua que nace en dos fuentes situadas cerca del Risco y de Marcaceniza, respectivamente, y que discurre en sentido oeste-este; pero antes el Forca Roja atraviesa la zona conocida como los vados de Molino de Piedra que de forma tan valiente como ineficaz, defendió Edmure Tully ante el ejército de Tywin Lannister. En el vértice de su confluencia se sitúa la fortaleza de Aguasdulces, señorío de los Tully desde hace mil años. Los Tully construyeron un canal que mediante esclusas unía por el oeste las dos corrientes, consiguiendo la protección de un triángulo de cauces anchos y profundos que hacían a la fortaleza inexpugnable ante el asedio, como se pudo comprobar antes de la Batalla de los Campamentos. La necesidad de dividir la fuerza del ejército atacante, disminuía su capacidad militar, y así fue como lo entendieron Brynden Tully y Robb Stark al diseñar la estrategia de la contienda.
El gran simbolismo religioso de la poderosa corriente, cobra especial significación con el funeral de Lord Hoster: siete elegidos, que representan a los siete rostros de dios, empujan la barca funeraria al agua que coge velocidad a medida que se adentra en la corriente del Piedra Caída, que “se clava como una lanza en el costado del ancho Forca Roja” (TdE 1, Pág 481). En un lanzamiento imposible, una flecha incendiaria vuela hasta el bote mortuorio, prendiendo su vela mientras prosigue su rumbo entre la niebla; después, el peso de la armadura del difunto le hará reposar en el fondo, “en el lodo suave del lecho del río” (TdE 1, Pág. 482). En una escena de escasamente tres páginas se funden, sin que apenas se perciba su presencia, los cuatro elementos básicos: el agua, el aire, el fuego y la tierra.
El inciso era necesario, pero hay que continuar con el trayecto. A partir de Aguasdulces, el río se convierte en navegable. Siguiendo un itinerario oeste-este y describiendo una amplía curva en sentido ascendente-descendente, la travesía que realizan en su huída Jaime Lannister, Cleos Frey y Brienne de Tarth por los anchos recodos del Forca Roja nos conduce hasta el lugar conocido como la Posada del Hombre Arrodillado, justo en el vértice del arco; “el mismo lugar donde el último Rey en el Norte se arrodilló ante Aegon el Conquistador como muestra de sumisión”. (TdE 1, Pág. 160). Desde allí, en la corriente, abundan los botes de pesca fluvial, y su cauce se expande entre cultivos y frutales hasta la gran confluencia.
Tres dientes de una lanza; un dragón tricéfalo en un pecho destrozado; tienen que ser tres… Tal vez en El Tridente se encuentre la respuesta a la Canción de Hielo y Fuego. ¿Creación, destrucción y regeneración?; desde luego lo que está en él es la historia de Poniente… y la Encrucijada. A más de un continente de distancia, Daenerys de la Tormenta ha decidido atravesar su Rubicón:
«Es hora de cruzar el Tridente», pensó Dany. Dio la vuelta y regresó a lomos de su plata…
—Drogon, cantó con dulzura, todos los temores ya olvidados—. Dracarys.” (TdE 1, Pág. 389).
Bibliografía:
Juego de tronos, Canción de hielo y fuego/1; Editorial Gigamesh, 2002.
Choque de reyes, Canción de hielo y fuego/2; Editorial Gigamesh, 2003.
Tormenta de espadas, Canción de hielo y fuego/3; Editorial Gigamesh, 2005.
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